Una segunda vida para una botella...

Una cremallera, unos dedos de hierro y tiempo libre. Básicamente es lo que hace falta para dar a estos botes domésticos una segunda razón para existir.

El truco: hacer los agujeros en el plástico con antelación para dejar pasar la aguja más facilmente a la hora de coser.

Y el bote se convierte en contenedor curioso.












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